Todos Somos Ángeles Rock Fest: una noche de metal entre potencia, fallas técnicas y redención final en la Arena Ciudad de México
Por Ricardo Gutiérrez
La Arena CDMX se fue tiñendo lentamente de negro y estoperol. Playeras de bandas, chamarras de cuero y botas pesadas anunciaban que el Todos Somos Ángeles Rock Fest convocaba a los fieles del metal en una sola comunión. El cartel prometía demasiado: leyendas y nombres de peso compartirían escenario en una jornada que apuntaba a la historia.
Desde temprano, mientras sonaban canciones de fondo, el baterista de Kabrönes realizaba su soundcheck a la vista del público, quizá intentando evitar errores posteriores. Era una señal de que la logística sería clave en una noche larga.
Un arranque potente… pero accidentado
La tarde-noche comenzó con Transmetal, que llegaba mostrando el poder de su nueva voz y su característico sonido imponente. Sin embargo, desde los primeros acordes el audio se percibió saturado; los instrumentos se empastaban y era difícil distinguir matices. Se esperaban ajustes que devolvieran claridad, pero el sonido puro nunca terminó de llegar.
El turno fue para Trágico Ballet, cuyo estilo más atmosférico tampoco logró librarse de las sobrecargas. La batería rebasaba el resto de la mezcla y el discurso de la banda se diluía entre volúmenes poco equilibrados. Para muchos asistentes, la calidad técnica no correspondía a la magnitud del recinto.
A esas alturas, más de uno pensaba que se trataba de fallas propias de las primeras participaciones. Pero los cambios entre bandas —de hasta 30 minutos— comenzaron a desesperar. No todos podían permanecer hasta el final, y el reloj avanzaba con lentitud.
Expectativas altas y oportunidades perdidas
La llegada de Saratoga elevó la expectativa. Muchos soñaban con una reunión especial junto a Leo Jiménez, exvocalista de la agrupación, recordando colaboraciones pasadas que quedaron para la posteridad. Pero la esperada reunión no ocurrió. Además, las fallas técnicas persistieron: la guitarra de Charlie aparecía y desaparecía en la mezcla, generando frustración entre músicos y público.
Tras casi cinco horas de actividad, llegó el turno de Kabrönes, banda que no tiene ni un año de su anterior visita a México, cuando se presentaron en La Maraka. En esta ocasión, el violín —pieza fundamental en su propuesta— simplemente no tenía presencia. Fue hasta después de cuatro temas que el instrumento volvió a escucharse con claridad, permitiendo que interpretaran “Finisterra”, una pieza de casi 15 minutos que se convirtió en la novedad del set.
Detrás del escenario se encontraba Rafa Blas, actual vocalista de Mägo de Oz. Su eventual aparición habría marcado un momento histórico, pero no ocurrió.
La tensión fue evidente cuando José Andrea enfrentó problemas constantes de monitoreo. Micrófonos que no encendían, instrumentos que desaparecían del retorno y gestos de molestia hacia el staff técnico marcaron el momento. La ausencia en el repertorio de clásicos como “Molinos de Viento” y “Fiesta Pagana” dejó a varios con sensación de vacío.
La hora de la verdad
Finalmente, llegó el turno de los dueños del cartel: Ángeles del Infierno. Tras declaraciones previas y comentarios en conferencias, era el momento de cumplir.
Y cumplieron.
Desde el primer tema, el público coreó sin titubeos. El sonido, aunque potente y con rebote evidente en el recinto, se percibió más sólido. Los invitados comenzaron a desfilar: Luis Álvarez interpretó “Pensando en Ti”; Benny Rotten, de Espécimen, participó en “¿Dónde Estás Tú?”; Leo Jiménez regresó al escenario para “Jugando al Amor” y “Cara o Cruz”.
Más adelante, Rafa Blas y LX se sumaron con “Al Otro Lado del Silencio” y “Maldito Sea Tu Nombre”. El cierre colectivo llegó con “El Rey” y “Despedida”, antes de concluir con el emblemático “Pacto con el Diablo”.
Sabor agridulce y rumores
Si bien el show principal transcurrió sin fallas evidentes y con la energía que caracteriza a Ángeles del Infierno, los persistentes problemas técnicos en las bandas previas no pasaron desapercibidos. Entre asistentes circularon rumores sobre supuestos “saboteos” cuando la agrupación española encabeza festivales, una versión que permanece en el terreno de la especulación, pero que cobró fuerza ante lo ocurrido en la Arena.
El Todos Somos Ángeles Rock Fest dejó momentos memorables y colaboraciones potentes, pero también una sensación agridulce. De cara a una posible segunda edición, la expectativa no solo recaerá en el cartel, sino en garantizar que la potencia del metal esté acompañada de la calidad técnica que un recinto de esta magnitud exige.

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